Águila gris y sus apaches

 

"Aquí estamos todos locos. Yo estoy loco, tú estás loco..."

 

 

Me adentré en los pasillos de aquella estancia vacía, lúgubre. Sentí las voces de aquellas personas que no podía ver pero ahí estaban, esperándome con emoción o al menos eso pensaba yo. 

 

 

Caminé pasando por las puertas de aquellas aulas, la escalera al fondo y las ventanas con rejas. 

 

 

Subí de tres en tres los escalones, me temblaban las rodillas, pero ese no era motivo para no hacer el tonto un rato. Al subir el último escalón contuve el aliento, me armé de valor y crucé la puerta.

 

 

Aún recuerdo todos esos ojos mirándome, esperando esperanzadores que cerrase la puerta y pronunciase alguna palabra. El mundo se me vino encima pero, de entre todos esos ojos que me miraban, una personita se levantó de su silla, levantó la mano para dirigirse a mí y dijo:  

 

- ¡Hola, profe! ¡Te estábamos esperando!

 

 

Respiré aliviado, ya que, hasta ese momento, probablemente yo estuviera más nervioso que aquellos pequeños mocosos. 

 

 

Empecé mi clase como a mi mejor se me daba, con las presentaciones, pero después de escuchar al segundo niño entendí que mi método no era el adecuado esta vez. 

 

 

Aquellos niños desdichados, abandonados, encarcelados, aislados en aquel orfanato, no necesitaban presentación alguna. 

 

 

De un golpe cerré la agenda, ante sus atónitas caras, y les dije:

 

 

- ¡Creo que he empezado con mal pie! Mi nombre es Águila Gris. Soy el jefe apache de una tribu desde hace muchos, muchos años. Estoy destinado por mis ancestros a este centro, para revelaros un gran secreto. Vosotros, aunque no lo creáis, sois miembros de una tribu. 

 

 

Sus caras brillaron, no se si de emoción, si de sorpresa o si simplemente fue el hecho de que alguien se les dirigiese de esa forma lo que les había sorprendido. 

 

 

Pero, por fin, obtuve respuesta. De entre todos ellos un niño de pelo rubio y ojos marrones me explicó:

 

 

- ¡Au! Yo soy Caballo Loco, hijo de los apaches del Sur, amigo de la montaña. 

 

 

Uno a uno todos se fueron sumando a aquella locura. Con todas las presentaciones bien hechas esta vez, comencé mi clase, pero esta vez no en ese aula. 

 

 

Salimos a aquellas praderas llenas de árboles, frente al orfanato. No querían libros, no necesitaban profesores, detestaban ese edificio y todas sus paredes. Querían ser libres y, por qué no, estar un poco locos. 

 

 

Mi estancia en ese orfanato fue corta, pero, aunque guardo todas las plumas que coleccionábamos en aquellas praderas, siempre recordaré todas esas felices caras. Por unos días no fueron simples alumnos, fueron guerreros y guerreras indias de 5 años. 

 

 

Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco, ¿y tú?, ¿estás loco? 

 

 

PABLO GONZÁLEZ MARTÍN 

 

 

Ganador del Primer Premio del Concurso de Relato Rápido Cheshire, en Mulligan's Irish Pub. 

 

"Águila gris y sus apaches"

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