Tiempo

 

Aquí estamos todos locos. Yo estoy loco, tú estás loco. Pero no busques la responsabilidad dentro de nuestra mente, tampoco la encontrarás en nuestro pasado. Hazlo en el adoquín que compartimos, miserables, con el resto. 

 

 

Todo ha empezado esta tarde. El sol brillaba menos que de costumbre, las nubes flotaban raudas sobre la copa de los más antiguos árboles y ese olor... No era la primera vez que se llenaban mis pulmones y se convertía en mí mismo a través de las arterias, pero algo sí había cambiado. Ese olor me sonrió en un recuerdo porvenir que me llevaba persiguiendo buena parte de mi futuro. Como una sombra que piso y que no alcanzo, como un beso que me adelanta por la derecha y, al rebasarme, me insulta, me saca el dedo y deja una estela de polvo cargada de malos pensamientos. 

 

 

Como os decía, el adoquín, frontera entre los vivos y los muertos, constructo uniforme que encauza los caminos de quien cree que solamente el andar hace el camino... Un camino que, aunque no lo quieras, te va a llevar al centro mismo de la ciudad de Roma. 

 

 

¿Y quiere usted, querido, ver cordura en mí? ¿Cómo? Si desde que llegué, saboreo un frío tan pardo como el minutero derretido que ronronea en contra de mi propio tiempo. 

 

 

Hagamos un trato. Me comprometo a navegar por su locura y la mía, haciéndolas una con todas las de los demás y, si al final concluyo que aquí estamos todos locos, que yo estoy loco, que tú estás loco, si no puedo detenerlo, que alguien pulse este botón. 

 

 

VICENTE GARCÍA RODRÍGUEZ 

 

 

Finalista del Concurso de Relato Rápido Cheshire, en Mulligan's Irish Pub. 

 

"Tiempo"

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