Una patada en el culo

 

- ¿Vas a besarme? -le miro a los ojos, como hacen en las películas.
- ¿Es lo que quieres? -me pone un mechón de pelo detrás de la oreja.
- Siempre lo he querido, pero tú nunca te has dado cuenta.
- ¿Y los demás sí? 
- No todos, pero algunos sí.
- Pues que ciego estoy...
Le regalo una sonrisa de boca cerrada.
- Si, y creo que bastante -bajo la mirada.
- Oh, pues iré al oculista - ¿al oculista? ¿en serio?
-Bien -digo sin pensar.

Nos quedamos en silencio unos minutos.
- Pero que cambio más estúpido de conversación...
- Sí... -me giro y miro al horizonte.
- ¿Por qué no me lo pediste antes? -se acerca un poco.
- Porque hay cosas que no se tienen que estar pidiendo, una llega a un momento en el que se cansa de pedir las cosas, la otra persona también puede preguntar o dar el paso.
- ¿Y el miedo?
- ¿El miedo? -le miro.
- Si, el miedo -sigue con su mirada en el horizonte.
- Pues le das una patada en el culo -me encojo de hombros.
- Vale -niega con la cabeza, frunce el ceño, le da una patada al aire, me coge de la nuca y me estampa contra sus labios, se separa- ¿así?

Me quedo anonadada unos instantes.

- Por ejemplo, pero no te vendría mal practicar... -le sonrío pícaramente.
- Oh, pues no sé con quién podré practicar… 
Suelto una carcajada y me acurruco en sus brazos, es como estar en casa.
- No tendrás que buscar mucho.
Se ríe, me levanta la barbilla y me da un beso corto.

 

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