Un chocolate en la plaza

 

- ¿Me amas?

 

Parpadeo un par de veces.

 

-Claro, ya lo sabes.

 

- ¿Harías cualquier cosa por mí?

 

-Claro que si -se calla y deja la mirada perdida- ¿qué pasa?

 

- ¿Ves ese puente de piedra tan bonito?

 

-Sí.

 

-Vallamos hacia él.

 

Vamos en silencio, ha dejado cierta distancia entre los dos.

 

- ¿Y ahora qué? Desde aquí solo se ve el otro lado del río y un poco de la pradera.

 

-Tírate.

 

-¿Qué? -la miro perplejo- mejor vayámonos a la plaza y tomemos un chocolate.

 

-Has dicho que me amabas y que harías cualquier cosa por mí.

 

-Claro, pero no tirarme por un puente. Si tú me quisieras no me dirías que me tirara por un puente.

 

-Yo te quiero, pero también quiero que sientas el dolor que tengo dentro -se mira los pies como una niña pequeña.

 

Me asomo y calculo los metros que puede tener, unos 6 y caería en las piedras del río medio helado, levanta la cabeza y atrapo su mirada.

 

-Sabes que no soy como el, yo sí te quiero, yo sí te escucharé y te entenderé.

 

-Si me amaras de verdad no dejarías que los trozos de mi corazón roto me destrozasen por dentro.

 

-Déjame amarte como se, déjame hacerte feliz, déjame hacerte sonreír, déjame devolverte la felicidad y la vida que tenías -no dice nada- seamos felices juntos -sigue sin decir nada pero se pone a andar- ¿a dónde vas ahora?

 

-Mejor vayámonos a la plaza y tomemos un chocolate -se encoge de hombros y sonríe un poco- quedémonos un rato y admiremos a la gente del pueblo, luego podemos ir a mi casa y leer hasta que veamos las líneas dobles.

 

-Sí, mejor vayámonos a la plaza y tomemos un chocolate.

 

Llego a su altura.

 

-Sí.

 

La doy un beso en la frente y me sonríe un poco más.

 

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