El subconsciente

 

La veo venir caminando con su ceño fruncido, ya se habrá enfadado por algo...

Llega hasta mí y se cruza de brazos, hasta enfadada parece adorable.

Douglas.

Empieza a dacirme algo, pero yo solo me fijo en sus labios, carnosos y rosados.

Douglas.

Asiento con la cabeza para que parezca que me he enterado de algo, pero la suena el móvil. Lo coge y sonríe, no se quién será pero esa sonrisa...

Douglas.

Cuelga y se lo vuelve a guardar.

-¿Te ha quedado claro?

-Eh, si, claro.

-No me has escuchado.

-Bueno, es fácil distraerse... -la miro de arriba a abajo.

-¿Qué? -se sonroja.

-Tranquila, quedará entre nosotros... -la guiño un ojo y vuelve a fruncir el ceño.

-Douglas es imposible hablar contigo -resopla y yo me rio.

A veces parece una niña pequeña, tan adorable tan frágil...

¡Douglas!

¡Maldito subconsciente!

-Lo siento, vale -se le relaja la cara y baja los brazos- no estoy teniendo unos días muy buenos...

No te jode, si cada vez que se acerca babeas como un perro.

¡Qué te calles ya! Ahora he fruncido el ceño yo y ella se ha reído. Por lo menos esta vez se ha reído por mí. 

 

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