Tempus fugit

 

 

Efímera.

Mísera.

Perdida.

 

Fue la vida la que se cansó de mí

cuando me vio bailar un tango suicida con la soga de corbata

y los pensamientos clavados en el vientre.

 

Y cómo no se iba a cansar la vida de mí

 

si le puse nombre a la maldita piedra,

escupí al cielo con el viento en contra

y levanté yo misma el muro de mis lamentaciones.

 

He estado de copas con mi tristeza

mientras veía el vaso rebosar

y no hacía nada por miedo a mancharme.

 

Cómo no iba la vida a cansarse de mí

 

si juré no volver a hacerlo con los dedos cruzados,

una y otra

y otra

y otra vez;

 

si me tiré de cabeza a un río desbocado

esperando que la corriente me arrastrase

hasta el fondo...

Hasta el fondo de algún lado.

 

Si hasta esperé tumbada en la orilla

a que el mar me llevase lejos

con la esperanza de que me devolviese cuando ya nadie me recordase.

 

La vida se hartó de mí.

Y yo de ella.

 

Ya no me llama,

ni deja mensajes de voz.

 

Y yo marco su número

y me quedo muda

cuando salta el contestador

 

porque no tengo palabras para después de la señal.

 

 

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