Amor de cuerda

 

 

Hizo sonar el violín, tranquillo, y todas mis fieras se calmaron

pero cuando cerró los ojos y se dejó arrastrar por la melodía

yo cerré el amor y me dejé guiar por el miedo.

Me marché, con la banda sonora más dulce de fondo.

 

Hizo sonar el violín, grave, y sentí las vibraciones más profundas

golpeándome en el saco de bloqueo que precede mi corazón.

Mientras mis oídos se inundaban de sus entrecortados sollozos

me fui encadenando al mástil de mi dolor y sobreviví al canto más bellamente feroz.

 

No aquietaba el violín y le dejaba bailar, andante, entre cálidos brazos desconocidos

mientras yo, ruin espectadora de sus melodías, pernoctaba en sábanas rebosantes de alcohol.

Encerré bajo llave mi memoria y volé presto en busca de otra banda sonora

pero di tumbos y acabé precipitándome por turbulentas caderas que hedían a soledad.

 

El tempo nos encasilló en el pentagrama correcto

y ella ahora baila bajo Sol

mientras que a mí me consume el Silencio. 

 

 

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