Un no contacto en face: un cuento irónico sobre la transparencia y la publicidad

 

Infinita red, en un mosaico de seres, es complicado establecer siquiera un tic. Después de tantos sobresaltos que me urgieron a limitar mi perfil personal en las redes, comparto una de estas experiencias.

Rozando lo surrealista, fue que mi restringido perfil del libro de caras carece de transparencia y honestidad para ese nexo de inicio. En la otra parte, un perfil profesional dilatado y público que despierta cierto interés y que resulta exclusivamente conectar con personajes “públicos”, al estilo gran hermano, todo a la vista. Poco o nada tiene que ver con la formación y experiencia que resalta en el perfil.

Muy correcto el escoger con quienes conectamos, lo que dota de cierta guasa a la vivencia, es ligar la transparencia y honestidad a manifestarse un escaparate público, como creí entender que hacía esta persona.

Por supuesto siempre rige la transparencia y honestidad en el crisol de personalidades públicas. Nada se disimula, se disfraza u oculta.

Por supuesto siempre rige la opacidad y la deshonestidad en el caleidoscopio de perfiles restringidos. Todo es causa de disgusto e inquietud.

Pudiera ser que algunas personas basan la exposición como un escaparate de venta de su vida en ciertos valores. Pero los derechos, a mi criterio, fundamentales de respeto, intimidad y privacidad. ¿Los debemos erradicar para que nos perciban válidos y no defectuosos”. “Algo falla” es llamado al intento de controlar la intimidad y privacidad porque se asocia a la opacidad y deshonestidad por determinadas personas. ¿Tenemos que vernos obligados a abrir un muestrario con todos los aspectos de la vida tanto personal como profesional para enlazar con estas personas públicas, tan transparentes y honestas como perfectas, sin fallos? Y si esa misma en otra red elige restringir el acceso. ¿Qué “algo falla”?

Pudiera ser que elegimos ser y tener en parte mundo inexplorado, preferimos que quienes se acerquen quieran de hecho conocernos a diferentes melodías, quieran descubrir nuestros  pensamientos, anhelos e ilusiones en lugar de situarnos de antemano en una urna acristalada donde ser contemplados u observados, enjuiciados con etiquetas previas, algunas dudosamente veraces.

¿Pudiera ser que conservemos la honestidad y la transparencia al mismo tiempo que la intimidad y la privacidad? ¿O dependerá de la persona? ¿O de la exposición que se desee en cada red?

Sara Bermejo Jiménez

2018, 23 de noviembre

 

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