Tú (II)

 

...

 

A la noche siguiente en una mansión de las afueras de Viena, donde el más mínimo ruido se escucha con eco en la otra punta del edificio, están el padre y los dos niños cenando.

-Tenemos la cena en los pies, por favor, papá déjenos salir a jugar un rato.

-Bueno, pero solo si Hester sale con vosotros.

-¿Y dónde está?

-Creo que hace una hora se retiró a su habitación.

-Iremos a pedírselo.

Los niños suben a la habitación y ven a Hester sentada en su escritorio pegada a una libreta, la sacan de su ensimismamiento y le piden casi de rodillas que salga al patio a jugar con ellos. Le parece buena idea, así podrá ver en la oscuridad si una historia de terror asusta al pequeño Peter.

Corren escaleras abajo, ella les sigue andando lentamente, su padre les da el gesto de aprobación y la saluda gentilmente. Por desgracia su madre ya hace tres años que los dejó, tuvo un fatal accidente de tráfico y eso acabo con la feliz vida de Joseph que ya casi no se dedicaba a sus hijos. A Hester le parecía curioso que Peter no temiese si quiera a la muerte, ya que la había vivido de tan cerca, pero no quería sacarle ese tema.

-Vamos niños, nos sentaremos en la colina que tiene muy buenas vistas del Prater. Venid que tengo una historia que contaros sobre esta vieja ciudad de Viena.

-Pero esperamos que sea una buena historia porque lo que queríamos era salir a jugar.

-Lo será.

-Vamos a sentarnos, Justine. - Dice Peter con gesto malicioso pues sabe que va a ser una historia de terror, sino no les llevaría justo donde más oscuro está el jardín y más bella se ve la ciudad de lejos, se pueden  observar las luces de la ciudad, el ir y venir de los coches y allí sin embargo se está en plena oscuridad y en una soledad que a muchas personas a esas horas les resultaría estremecedoramente terrorífica.

-Empezamos… una calurosa noche de verano, el pequeño Tim sale de su habitación porque tiene hambre, sabe que tiene prohibida la entrada en la cocina sin la presencia de adultos pero esta noche no ha cenado casi y ahora sus tripas no le dejan dormir. Entra con sumo cuidado y abre la nevera, encontrando múltiples platos preparados que se le antojan todos apetecibles. Pero se decanta por el dulce, aun sabiendo que le va a despejar un poco. Coge dos tipos de pastel diferente y se sienta en la mesa de la cocina, disfruta primero de la delicia de chocolate. Cuando se la termina suelta un suspiro y sigue comiendo… ahora se deleita con un mousse de requesón con dulce de arándanos, come y parece que sus ojos se van abriendo así como su apetito, abre de nuevo la nevera y coge dos trozos más de cada uno de los pasteles.

 

Continuará...

 

 

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