Tírate de cabeza

 

Anduve de la toalla hasta el trampolín, sin mirar a nadie en concreto pero veía de refilón que él estaba allí, callado, mirándome y calculando cuando me iba a tirar… lo llevaba haciendo todo el verano, me observaba pero hoy era el último día de piscina. Mañana ambos estaríamos cada uno en su ciudad y si no se atrevía a decirme nada ahora pasaría el último fin de semana de fiesta del pueblo y me quedaría yo también con las ganas de conocerlo mejor… porque a mí también me gustaba el chico de la piscina.

Estuve unos minutos sobre el trampolín, me puse el bikini en su sitio, estiré la coleta y flexioné un poco los brazos. Cuando sabía que él me estaba mirando en cada segundo acerté a girarme un instante, mirarle y saltar… ¡me siento como una niña! En realidad tengo 16 años pero soy mucho más madura que algunas de las otras chicas en más de un aspecto, yo no estoy constantemente hablando de chicos. Pero este verano es diferente, no hablo de ellos pero este me tiene totalmente colgada.

Salgo del agua y cuando me siento en mi toalla. Veo que se levanta, va al bar y al regresar viene directo a mi toalla. Se sienta y me suelta: “Sé que te gusta el sándwich de nata, ¿Quieres uno? He comprado dos, he pensado que tras el chapuzón podías tener hambre…”. Me pongo colorada como un corazón del rojo más intenso y él que lo nota se ríe disimuladamente pero me ofrece el helado y me dice: “Hace tiempo que quería hablar contigo, he sido un idiota y lo he dejado para el final del verano”. Yo le cojo el helado y le digo: “Entonces. ¿de qué me querías hablar?”.

Ahora quien se pone colorado es él y cogiendo una de mis manos me dice: “Me gustaría intercambiar direcciones y teléfonos porque cuando me vaya quiero seguir en contacto contigo, me gusta mucho cuando por las noches nos quedamos los últimos y sin darnos cuenta estamos solo tú y yo pero no he aprovechado ninguna de esas noches para hacer lo que de verdad quiero”. “¿Y qué quieres?”. Él aprieta mi mano y me susurra: “¿No es obvio? Te quiero a ti”. Vale no se ha andado por las ramas… le aprieto la mano y le pongo ojillos pero no contesto…

Él quiere saber y me pregunta: “¿No vas a decir si me quieres o no?”. Le cojo de la mandíbula y acerco su cara a la mía, sé que es un lugar público y que hay miradas fijadas en nosotros pero me la está soplando tanto lo que piensen que finalmente nuestros labios se juntan y es ahí donde se hace la magia, sentimos la espiral de libélulas recorriendo nuestros cuerpos. ¡Alucinante!

Ahora él me está explicando que este año entra en la universidad y se va a venir a vivir a mi ciudad, durante el fin de semana todo ha ido a más y hemos acabado con un exquisito plan en el que nos mudamos a vivir juntos, yo ya lo había pensado para el próximo año lo de dejar la casa de mis padres pero esto lo cambiaba todo. Así que aquí expongo que me independizo y me voy a vivir con mi novio, sí, estamos saliendo desde esa tarde de final de agosto… y no acabará nunca, es un primer-último amor. ¿Soy muy ilusa? No me importa, le quiero…

 

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