La sirena que cantaba                   sinceramente

 

Así como desde el fondo de un profundo pozo sale su voz, una voz sin quebranto llena de islas, fuegos y paraísos, con melodía sensual y perfecta entonación erotizante y llamativa. Hay veces que sabes que no debes hacer algo y todo en ti aún a pesar de todos los contras que ya le has visto, te empeñas en plan ataque kamikaze en hacer y llevarte el chasco que tanto sabías que llegaría pero otras hay una especie de brillante luz dentro y aunque ya has sopesado los contra, esta vez algo dentro te dice que podría ser la llamada que esperabas. Así que te adentras en ese bosque que no sabes ni donde estás pero vas a seguir esa voz que ha atraído tantísimo tu atención.

 

Sigues andando, así que según te acercas empiezas a entender sus palabras: “Nunca fui de nadie, tuya seré si me salvas”, “En un océano me crie, a esté lago me trajo una bruja y si llegas a verme me deshechizarás y eso hará que sea presa de ti”, “Una carta tuya bastará para saber lo que te hago sentir y luego seremos uno”… estás frases tan complejas como atrayentes me estaban penetrando el alma y solo quería seguir avanzando. Había una parte de mí que me empujaba mucho más veloz que mis piernas y mi corazón palpitaba al son de su voz ¿Era presa de los cantos de sirena de una mujer?

 

No me paraba por nada, esa ninfa del bosque iba a ser mía como decían sus palabras… Estaba ya tan cerca de su voz que seguía con frases cada vez más sensuales y de un romántico decimonónico, muy elegante y atrayente para un desengañado como yo tras fallidas búsquedas en las webs de citas, así que aquel suceso solo se me presentaba como la forma más adecuada y romántica de romper mi mala suerte en el amor.

 

Sí llegué al lago, miré un rato y llamé, pasaron unos minutos y tras una roca una bella mujer dentro del agua que de cuello hacía arriba también lucía mojada, su pelo era de un intenso rojo que brillaba con los destellos de sol y su sonrisa parecía de un rojo que a pesar de parecer maquillado luego comprobé que no desaparecía. Me pidió meterme en el agua e ir hasta ella para ayudarla. Sin cuestionarme mucho más la situación fui en busca de esa belleza de cabellos de fuego.

 

Nadé hasta donde estaba ella y se acercó a mi oído y expresamente dijo: “Nunca reveles lo siguiente a nadie y sigue estos pasos…”. Por supuesto le hice caso en todo y tras varios pasos me pidió con una tímida sonrisa: “y ahora, ¿me darías un beso con sentimientos verdaderos?”. Sonreí alegremente y solo asentí, al acercarme a sus perfectos labios me dio hasta miedo apretarla muy fuerte, ya que se veía tan frágil y así besándola con efusividad y pasión sentimos ambos un torbellino de libélulas a nuestro alrededor. Varios besos amorosos después me pidió nadar a la orilla, salí y al coger su mano vi que salía completamente desnuda y rápido abrí mi mochila… Sí, iba de acampada a pensar, ya veis… y se vistió para ambos ir hasta donde tenía mi coche y mejor sería tener una cama cerca que seguir en el bosque.

 

Ella, Ronda, alegró el resto de mi existencia y claro, nunca contaré que ella fue la única sirena sincera ante Odiseo y por eso fue expulsada y hechizada… yo fui su salvador.

 

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