Dos collejas

 

  • Así lo haremos amor, como deseas.
  • Gracias Gary, eres un encanto.
  • No eres la única que lo piensa.
  • ¿Intentas ponerme celosa?
  • No, tu solo fíjate si digo “mi ella” entonces solo estoy hablando de ti.
  • Ay… qué suerte he tenido al conocerte, soy una chica muy afortunada. Entonces sigue en pie conocer a tu padre.
  • Se ha ido ya de la ciudad pero a la próxima, no te preocupes.
  • De acuerdo, bueno es tu turno en el programa, voy a verlo, ¡rómpete una pierna!
  • Gracias amor… “mi ella”… ciao.

 

¿Por qué sigo haciéndolo? ¿Por qué estoy en este espiral de mentiras? ¿Cuántas “mi ella” puede haber? ¿Cuántas veces disculpando a mi padre porque en realidad se niega a conocer a las chicas con que me lo monto porque sabe que no llevo una vida seria y que tiendo a mentir más que a hablar?... Que las tengo a todas esperando más Gary y en cada ciudad tengo una o varias camas que ya había dejado calientes con una más de mis víctimas, soy como el cantante vampiro, las bebo por la noche y por la mañana como si el sol fuese a quemar mi piel desaparezco de allí… ese soy yo, un crápula me diría una señorona. La música me da para malvivir en todos los sentidos, este es uno, por no decir el poco dinero qué me llega con tanto intermediario y los viajes constantes con disco en cada parón no me da tiempo en realidad a crear algo estable para mí y de hecho siempre he huido de esa vida que muchos otros compañeros cantantes sí llevan, se van de gira con la familia o sino son fieles simplemente. Yo es que ya no me era fiel ni a mí mismo. Había estado con mujeres que en la mínima conversación veía que eran mi opuesto pero ya habíamos yacido y me iba a deshacer de ella sin derecho a repetir. Así siempre, ya me estaba hartando. Me provocaba un enorme vacío que no sabía cómo saciar y con más sexo no se calmaba sino que me hacía sentir que corrompía algo que en algún momento había sido sagrado, mi intimidad y ser cuidadoso con ella, no me gustaba dar que hablar y me gustaba ser solo preguntado por mi trabajo, ¿por qué hacer un circo de mi vida privada? Pero eso ya lo había parado siendo más cuidadoso pero aun así me sentía defraudado conmigo mismo.

No veía entre las chicas que se suponían groupies a una mujer que pudiese despertar algo en mí y enseguida lo vi, ellas tampoco buscaban que aquello fuese duradero. Eran coleccionistas de artistas crápula, como yo… a ellas les interesaba un pimiento a la siguiente ciudad a la que yo iba, a ellas les interesaba qué concierto era el próximo que pasaba por su ciudad. La mayoría así me lo habían demostrado, poquitas demostraban un verdadero interés, no me habían llegado completamente dentro. No las veía con ojillos brillantes. ¡Joder! Yo quería lo que sentí con Judith, fue súper especial, estuvimos ocho años pero cuando empezaron las giras fue la perdición de la seguridad en ella misma, se puso muy celosa pero admito y me da mucha rabia, tenía motivos. Le di demasiados motivos para sospechar y fue la primera damnificada de mi largo recorrido de víctimas vampirizadas por mis noches de pasión y ya debería ir calmándome, creo que estaría encantada mi madre de saberlo, que pienso en sentar la cabeza. Ella ni participa en la mentira, solo me deja ir a verla cuando estoy totalmente de parón, no quiere prensa cerca de ella ni que le cuente nada de mis líos, ella es de las que me llamaría crápula de saber de mi vida, así que ni pregunta.

Me merezco dos collejas si fuese de ella de quien dependiese… bueno voy al show…qué comida de olla, al menos me ha dado para reconocer que no llevo una buena vida pero eso lo dejo para mi privacidad, aquí vengo a hablar de mi trabajo así que estoy tranquilo.

 

 

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