Comienzos

 

La hoja en blanco me produce un poco de vértigo, es casi el reflejo de mi mente. Sujeto la punta del bolígrafo temblorosa, como si lo fuese a romper de un momento a otro. Solo la taza de café humeante que descansa sobre la mesa me tranquiliza. Hace mucho que no hago esto, y me da un poco de miedo meter la pata.

 

Por fin, acabo con la distancia que separa mi mano de este pequeño lienzo sobre el que llueven mis ideas. La tinta mancha todo el vacío mientras dibuja la primera palabra, haciendo cosquillas al papel. Entonces, todo sigue fluyendo, y lo que antes era un desierto en mi cabeza da lugar a un torbellino de palabras que escribo sin esfuerzo. Cuánto echaba de menos la sensación efímera que producen las letras cuando les das un sentido.

 

Escribo el punto y final a la vez que doy un último sorbo al café. Releo satisfecha cada oración y sonrío. He llegado al final del comienzo.

 

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