Las campanas

 

Cerré la iglesia como de costumbre. Aquél día, sin embargo, algo extraño sucedió ¿locura?, para nada. Lo que vi y escuché fue con mis propios ojos y oídos, consciente y sin haber sido sugestionado previamente.

 

Era una noche fría de noviembre, la bruma se apoderaba del ambiente rural. En un lugar de España, enclavado en las áridas tierras de Castilla la Mancha. Había sido destinado como párroco en una iglesia, de cuyo pueblo, ya ni recuerdo. La iglesia  estaba  situada en pleno campo, solitaria. Mi  única compañía en aquel instante era la oscuridad que envolvía el lugar, adueñándose  de todas las cosas.

 

Como dije, cerré con mi llave hueca el portón de la iglesia. Después me dirigí al claustro, me sobresaltó un estruendo. Era el sonido de las campanas. Consciente de que no había nadie, preocupado, no sin esfuerzo, subí a la alta torre del campanario, topándome con varios nidos de pájaro.

 

Allí me le encontré, sobrecogiéndome en la noche… allí estaba encaramado, riéndose, balanceando lúgubremente las campanas.

 

― ¿Por qué osas invadir la casa de Dios? ―Pregunté.

 

―Porque me da la gana―gritó espectral y ufano.

 

Era el diablo que andaba suelto, a la caza de un cuerpo.

 

 

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