Detrás de la puerta

 

1Letra a letra el escritor graba su historia. Hace varias horas que ha 2renunciado a la compañía de la música, debido a aquella inquietante 3sensación.

4Escribe con prisas, golpeando casi con furia las teclas negras, 5queriendo olvidar, mas, puntual como el chasquido del reloj, cada 6ciento siete palabras alza su cabeza y lanza una mirada furtiva a la 7puerta entreabierta que se encuentra al otro lado de la habitación. Tan 8solo un instante, fugaz, imperceptible, suficiente para alimentar un 9poco más aquella sensación, aquel escalofrío que se esparce por su 10espalda  y lo obliga a volver a concentrarse en su trabajo.

11Un hombre ordenado el escritor, con su mesa impecable, su 12abitación minimalista, reluciente, y el traqueteo de las palabras que 13se graban en la pantalla a un ritmo constante, perfecto.

14Y entonces, ciento siete palabras más, y otra vez: mira hacia la 15puerta, entreabierta, apenas, una mínima franja de oscuridad que 16rompe con la cálida luminosidad de la austera habitación. Una línea 17a contra mano de todo el perfecto blanco de las paredes. Aquella 18puerta, aquella oscuridad, detrás, incomodan al escritor, le provocan 19piel de gallina y aceleran su corazón. Ahora el sudor frío le recorre la 20espalda y las palabras empiezan a atorarse en su mente, la línea 21perfecta trazada en su argumento se hace sinuosa, torpe.

22Un duelo se ha desatado en el limbo donde habitan sus ideas y poco 23a poco ha ido ganando terreno la puerta, la oscuridad, el misterio. 24¿Acaso algo lo observa? No puede ser, está solo. Es su casa. ¿Acaso 25vio una silueta, un levísimo movimiento? ¿Un diminuto destello 26acuoso, el de un ojo que lo observa?

27Sus dedos se han detenido, el sonido del teclado ya no traquetea 28alegre y uniforme llenando el vacío de la habitación. La respiración 29agitada, el corazón acelerado. El escritor abandona su asiento como 30en trance, respirando con la boca abierta, caminando lentamente 31hacia la puerta. Casi sin darse cuenta, se para frente su cruel 32torturadora y estira una mano temblorosa hacia el picaporte.

33La puerta se desplaza silenciosa sobre sus bisagras bien aceitadas, 34ligera, perfecta como todo en la habitación. La negrura da paso al 35resplandor blanco de las luces y finalmente el escritor ve tras la 36puerta y allí… Allí se encuentra conmigo.

 

 

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