Debo decirte algo

 

       -Debo decirte algo sobre ti.

El auto iba por la carretera, donde el conductor no se detenía ante las curvas, los pasajeros iban mareados en la parte de atrás, y con ello, parecía que todo el camino recorrido desaparecía.  No iban a regresar, porque escapaban. Era un taxi pagado para que los llevaría a la frontera de Costa Rica y Haití. La desgracia era una mala compañía…

        - Sí, creo que lo sé.

        - No, no lo sabes…

        - No quiero escucharte hasta que lleguemos.

Cierra los ojos y se aleja un poco aovillándose en la esquina. Era un coche espacioso, pero en la carretera parecía una cárcel ambulante.

Como si no pudieran menos que picarse mutuamente, desde que empezaron el viaje se sentían cada vez más separados, y no era el estrés, sino la simple dificultad de lidiar con quienes eran ambos, mientras la carretera en la noche, era como una garganta profunda, donde los árboles eran bacterias que se adherían al parabrisas del coche. La soledad del futuro despertaba una pereza impresionante, y con ella el sueño.

Los militares le hicieron una seña al conductor para que se detuviera, ella se despertó con el rostro lleno de lágrimas del cansancio, él no podía estarse tranquilo. Todo ser humano se compadecería por ella, había dejado a su único sueño atrás. Era todo lo que tenía.

Pagaron y el militar los dejo ir por el camino, y así como se abría la garganta, él repitió:

        - Debo decírtelo Bárbara, no te lo dije antes de venir, y te lo diré                 aunque no me escuches.

        - Eso, es lo que pasa, que no quiero escucharte.

        - ¡Me escucharás!

Gritó estrangulando los brazos delgados de ella, forcejearon, ella se batía con la fuerza que sólo daba la desesperación. El conductor los miró por el retrovisor, y bajó la velocidad. Las miradas de los tres se cruzaron, los dos pasajeros se alejaron hacia los extremos más opuestos que podían permitirse en el asiento del mismo coche.

       - No era tu dinero, tú no lo necesitabas.

       - ¿Se supone que eres una especie de Robin Hood moderno?

Ella no respondió, y el conductor, atento a todo, aún sin desearlo, la miro de reojo, también expectante.

- ¿Para que lo necesitabas que no podías pedírmelo?

- ¿Por qué siempre tengo que decirte las cosas? ¿Es que una mujer no puede guardarse algo para sí misma?

- No.

- ¡¿No?!

El silencio de la noche se introdujo por la única ventana abierta.

Esto no era lo que deseaba decirte. No, era algo sobre ti.

No me lo digas, no quiero escucharte, -dijo ella llevándose las manos a la cabeza.

Aunque no quieras escucharme te lo diré. No me importa ya nada, ni siquiera tenemos país, estamos muertos los dos para el mundo. Y lo hice por ti. Por eso, me escucharás ¡maldita sea!

 

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