Ímpetu                     (Alegato a los imposibles)

 

No hay una vara para medirte,

ni un espejo que de verdad refleje

lo que significas ahora para mí

ni lo que fuiste en un pasado no muy lejano.

No hay cubo donde terminar de recoger

las lágrimas que perdí por el camino.

Ni sé calcular a ciencia cierta

y de cabeza

el número exacto de besos que me distes.

Para mí simplemente fuiste un regalo

que me arrebató el destino demasiado deprisa.

Nadie debe atreverse a definir

lo que por mí sentiste,

ni a interpretar lo que me decían tus ojos.

¡Yo sé que me quisiste en ese instante…!

¡Qué más da que durara el aire frío de un agosto!

No dejo que midan la abertura de tus párpados

ni la dimensión

de tus pupilas dilatadas

cuando me estrechabas goloso entre tus brazos

y éramos felices… y sonreíamos juntos.

Y sigo sabiendo lo que siento por ti

en el momento que te escribo

esta carta en verso…

pero me escondo entre las palabras que tecleo

por miedo…siempre por miedo

al rechazo, a más silencio y a más distancia.

No dejo que nadie se adelante a ponerle hora

al minuto en el que entré

o me llevaste de la mano hacia el olvido.

¿Hasta dónde llega el amor

al recuerdo

de lo que se ha perdido sin remedio?

¿Y hasta dónde alcanzan también

mis ganas de romper a golpes

esta indiferencia que me ahoga?

Si lo hago, si grito que no puedo

puede parecer que no respeto

lo que has elegido.

Pero si me lo guardo

y vivo dentro con esta pena

enfermo poco a poco

a golpes de melancolía…

Tengo el alma colmada

de añoranza contenida,

de una pena que se endurece

y pesa más conforme pasa el tiempo.

No espero nada de ti

pero noto cada vez más tu falta…

 

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