A Dante

 

 

Como el agua así redondean tus rizos.
Rizos dulces que huelen a aceite y azúcar con remembranzas de infancia.
La profundidad del marrón de tus ojos que ha marcado tantos trayectos.
¡Qué decir si te echo tanto de menos!
El sol brilla un poquito menos sin ti y a la luna no se por qué pero la veo cada vez más pequeñita, sigue cayéndoseme encima de vez en cuando, precipitándose con algún madrugar destartalado y todo porque tu mirada ha desaparecido.
Y quizá haya quien no entienda que ahora sumamos menos segundos de luz sin ti, por esas tonterías de los que quieren dictar distancia entre los sentimientos entre vosotros y nosotros; será que desconocen que somos finalmente trocitos de carne y alma.
Gracias por el tiempo que me has dado y por tu lealtad, mirando siempre hacia atrás para llevarnos a todos. No por casualidad te llamamos como aquel que descendió a los infiernos acompañado de grandes poetas, enfrentándose al miedo de la realidad más cruel que es la muerte.
Cobijo nuestra historia en los huecos de mi alma y te dibujo con un dedo en el aire como haría un niño, con la inocencia de no querer entender que te has ido.
Moras en mí y eso no caduca, prometo encontrarte en polvo, en batir de alas o en lo que sea que me convierta cuando el viento me lleve.

 

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