El mundo al revés

 

Comenzó como empiezan todas las historias tristes, implorando. “Por favor, por favor que sea el mundo al revés”. Se escondió en el hueco entre el colchón y la pared y siguió su ruego, un poco más animada pensando que esta vez lo conseguiría. “Que el fuego enfríe, que las lágrimas sepan dulces cuando llegan a la boca y el dolor haga cosquillas.”

 

Se paró a escuchar, la ausencia de respuesta era muy buena señal. Ahora cantaba un poquito más alto. “El mundo al revés, el que lo dice lo es. Que los truenos nos traigan el sol, las estrellas brillen de día y...” Calló, otra vez comenzaba.

 

Esta vez levantó el colchón para colarse por debajo mientras su canción se tornaban gritos “¡Por favor, el mundo al revés!”.

 

Fuera las bombas retumbaban y lo seguirían haciendo sin descanso. Algunos, personas que nunca la oirían cantar, ya habían decidido el orden del mundo sin ruegos, sin cosquillas y sin milagros.

 

Gaza, primavera de 2017

 

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