Hago rotondas

 

A veces cuando me pongo nerviosa, recuerdo la teoría centrífuga de una gran amiga y comienzo a hacer rotondas... 

Cuando tengo problemas y me abruman yo hago rotondas.... Recuerdo que aquella conversación no la podía dejar en saco roto, tenía que ponerla en práctica y fue fácil ponerme a ello y añadirlo a mi vida como algo rudimentario. 

Me monto en el coche y me voy a una rotonda grande que tengo cerca de casa y comienzo a dar vueltas. Hubo una época en que a los urbanistas les dio por poner rotondas. Antes no había, te limitabas a cruzar la calle donde el semáforo te acompañara, pero esa época paso. 

En esta época en cada cruce de barrio, se pone una rotonda, preferentemente con una fuente en medio y con salida de agua a modo geiser. Por lo que... encontrar mi rotonda ideal, no me resulta difícil. 
 

En una rotonda de estas características me acerco con el coche y comienzo a dar vueltas esperando que todo lo que me abruma o me molesta aparezca. 

Normalmente comienzan por salir las pequeñas cosas que aparentemente no tienen importancia, ese impreso que hay que llevar a algún sitio o esa factura de la basura que se te olvidó pagar. En una vuelta de rotonda a fuerza centrífuga, esa que tira hacia fuera en los giros y nos hace derrapar en las curvas, agarra preocupaciones y las expulsa más allá de la plaza incluso más allá del barrio. 

Después vienen los asuntos laborales que pueden suponer ese punto de nerviosismo justo y puntual. Una o como mucho dos vueltas. 

Los asuntos familiares suelen venir después, los seres queridos y a los de uno mismo. ¡¡¡¡Cuidado!!!! Un camión ha intentado salir desde el carril interior. Incluso en fases meditativas hay que estar atento al momento preciso, para no seguir a las preocupaciones que hayan sido expulsadas. 

Y por último pueden llegar, no siempre lo hacen, los problemas existenciales sobre dónde vamos, para qué sirvió todo esto, qué estoy haciendo con mi vida, esas cosas... No es algo a lo que le dé muchas vueltas, me dedico básicamente a subsistir por lo que en este caso con media vuelta arreglado. 

Después de que aparentemente todas las mierdas hayan salido, doy una vuelta de reconocimiento para comprobar, una vez más, que los problemas más persistentes son esos primeros del día a día, que no tienen una importancia extrema, pero me siguen perturbando. Para esos casos reservo dos últimas vueltas, un poco más fuerte para meter más fuerza centrífuga a los problemas, hasta que por su propio peso salen despedidos. 

Una vez realizada la purga mental, salgo de la rotonda, aparco el coche y llego a casa fresca como una lechuga. 

A partir de hoy entenderéis la cantidad de locas que te puedes encontrar haciendo rotondas...

 

 

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