Relatos de la cueva oscura I

 

 

I. La puerta del eterno retorno

 

Cuando era pequeña, mi abuela me contaba historias sobre mundos extraordinarios y fantásticos a los que podría llegar si encontraba la famosa cueva oscura. Según contaba, no era fácil llegar a ella, y tendría que superar muchos obstáculos en la vida hasta encontrar la puerta que me condujera a ella. Cuando crecí, dejé de creer, simplemente olvidé la cueva oscura y los mundos que existían detrás de aquélla ficción para niños.

 

La vida sí me hizo cruzar muchas puertas que me permitieron superar obstáculos, pero nunca pensé que esta superación me llevara a ninguna parte, ni que yo estuviera cerca de ningún umbral de acceso a mundos misteriosos.

 

Una noche, después de una larga sesión de trabajo, me tendí exhausta en la cama para poder dormir por fin. Entré en una especie de sueño extraño mediante el cual no estaba ni despierta ni dormida, sólo veía ojos amenazantes a mi alrededor y no podía moverme a pesar de querer escapar de esa inquietante sensación de impotencia. Quería llorar y patalear para liberarme de aquél encierro dentro de mi propio cuerpo, pero estaba paralizada.

 

De pronto, encontré la forma de escapar, mi cuerpo avanzó hacia delante no sé de qué manera, y, de repente, estaba delante de una puerta a la que me lancé como una loca para escapar. Quería salir corriendo de allí, pero cuando traspasé la puerta vi claramente adonde había llegado mi alma atormentada por el terror, no me hizo falta ninguna revelación oculta, ni mensajes del más allá porque había encontrado el acceso que me conducía a la cueva oscura.

 

Allí estaba mi mundo soñado, mis esperanzas de la niñez, mi alma atormentada por tantos desengaños. En aquél lugar de mi mente onírica había atesorado durante años las largas noches de luna llena, los amores olvidados, los sueños perdidos, las lágrimas más dulces y las más amargas. Todos estaban intactos para poder soñarlos otra vez, pero esta vez con los ojos sabios de quién conoce todas las respuestas. Había llegado por fin al lugar que tanto había buscado, y pensé mirando hacia el infinito que quizás la felicidad fuera esto, una cueva oscura donde guardar todo aquello que algún día querrías volver a vivir de otra manera, dando luz a la oscuridad.

 

Había llegado y sabía que nunca olvidaría el camino hacia la cueva oscura.

 

 

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