Capítulo XI:Skywalker descubre que Toledo no está en un llano como Albacete

 

 

Digno de contemplar era la estampa de Skywalker y Mei Ling subiendo hacia Zocodover por esa cuesta de los demonios. Todavía hacía calor, a pesar de que era otoño ya, y a los dos les caían chorros de sudor hasta el punto de ir dejando un rastro. El floripondio de Mei Ling había agarrado en el moño y en poco tiempo, si nadie lo remediaba, florecería por obra y arte de la madre naturaleza.

El pobre Skywalker llevaba ya más de un kilómetro de lengua fuera y no tuvo más remedio que dejar de respirar para ahorrar energía y desconectar su unidad mental para no ser consciente de tal sufrimiento de ese cuerpo hecho para el ídem.

Por fin llegaron. Se tumbaron en mitad de la plaza y durante más de media hora no dijeron ni mu. Después, Skywalker volvió a conectar su unidad mental y comenzó el análisis de la fauna local, pero, cuál sería su sorpresa, que allí sólo se veían chinos, japoneses y americanos e ingleses rubicundos con calcetines y chanclas. Miró a Mei Ling con estupor.

-Estimada Chilin, ¿Dónde se supone que está la fauna local en esta ciudad? Esta es la Plaza central y aquí no se ven más que especímenes de mundos tan lejanos como el nuestro. ¿Qué misterio es éste?

-¡¡¡Que me llamo Mei Ling, atontao¡¡¡¡ ¿Pero es que no sabes lo que es el turismo? A esta gente le gusta lo mismo que a ti, conocer mundos, y, además, les sobra el dinero y vienen aquí a gastarlo. Los toledanos se frotan las manos y los pies si hace falta. Más felices que perdices están.

-Espera, que lo anoto todo. ¡¡¡Ay, cuánto aprendo¡¡¡ A ver, explícame qué es eso de estar más feliz que una perdiz!!!! Y la miró con esa carita de pardillo vestido de un Marichalar churritoso en sus horas más bajas.

A Mei Ling no le quedó otra opción que carcajearse como nunca lo había hecho, pero claro, tampoco había visto nunca un ser tan patético como Skywalker. De hecho, no podía parar. La gente comenzó a mirarla con extrañeza, incluso los ingleses con chanclas y calcetines, y mira que esos están hechos a cosas raras como Benny Hill y los Monty Pyton. Skywalker tuvo que apagarla y reiniciar su unidad mental. Él era un profesional…bueno, profesional no sé si es la palabra, pero dejémoslo ahí.

Cuando Mei Ling se reinició estaba como nueva y le propuso a Skywalker esfumarse de allí para evitar las miradas indiscretas y a la policía también, casi más a esta última, que ya iba conociendo las repercusiones de ser detenida por escándalo público, sobre todo después de beberse dos botellas de orujo de hierbas. Todo sea por la investigación.

Skywalker se negó a subir más cuestas y no les quedó otra opción que bajar, aunque ya le advirtió Mei Ling que cuando se bajaba, por narices había que subir luego. A pesar de ello, nuestro Marichalar churritoso pensó que un rato de vida es vida y se lanzó cuesta abajo en dirección al río Tajo que, majestuoso y eterno, se vislumbraba a lo lejos (y se olía también). Con lo que a Skywalker le gustaba el agua…se frotaba las manos nada más que de pensar en el baño que se iba a dar…¡¡¡Criaturita¡¡¡

Mei Ling se dio cuenta de que la diversión no había hecho más que comenzar, mientras Skywalker no descubriera el agujero en el tiempo, todo sería jolgorio y alegría. O eso pensó ella, ingenua. ¡¡¡Criaturita¡¡¡

Y allá se fueron felices como perdices (para ponerse a tono con los toledanos).

 

 

 

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