Capítulo V                         La feria de Albacete,             Skywalker y el Amor.

 

"Por fin llegó septiembre, y con septiembre, la Feria. Me di cuenta por el paulatino jolgorio que invadió la ciudad poco a poco y que se manifestaba en cosas tan evidentes como en que los niños y niñas gritaban, saltaban y vociferaban de manera más aguda y estridente, las señoras invadían las peluquerías y salones de belleza, los hombres no sé qué hacían, pero invadían los bares para tomar zumos, de cebada o algo así, creo recordar, y los funcionarios en general salían a desayunar tres o cuatro veces en el día, con lo cual, las administraciones estaban bajo mínimos, pero tampoco es que se notara gran cosa, la verdad.

 

Creí conveniente engalanarme con el traje típico local, algo que me supuso algún que otro quebradero de cabeza, ya que mi predisposición era a vestir el femenino, por ser más llamativo y lleno de colores, pero al final me acordé de las pedradas que recibí al principio, y opté por la discreción. Me vestí con todo el atuendo manchego, pero el masculino, no dejé absolutamente nada por ponerme, incluso una manta mulera que vi en unas fotos antiguas, algo que me hizo otra vez sudar como un pollo en el matadero, pero que me sentaba tan bien a la cara...independientemente de los chorros de sudor.

 

Ataviado y pertrechado con todo lo necesario para los días de feria, bajé del árbol en el que habito habitualmente, y me dirigí al recinto ferial a través de la calle de la Feria. Tengo que decir que tardé en llegar porque me entretuve probando bebidas de todo tipo y comiendo chorizos, morcillas y panceta, cosas que, juraría, son adictivas, pero tendré que hacer otro estudio más adelante.

 

Cuando acabé de avituallarme, ya iba dando bandazos a consecuencia de las bebidas espirituosas como el vino, el zumo de cebada, los licores de hierbas y otros que ni recuerdo. Y, conforme intentaba mantenerme en pie, descubrí unos artilugios llenos de luces, colores y música, que se movían en todas las direcciones para deleite de los montones de incautos que se subían a ellos. Unos daban vueltas, otros subían y bajaban súbitamente, otros volaban dando vueltas...pero el que más me llamó la atención, hasta el punto de quedarme extasiado, fue un artilugio circular lleno de vistosos caballitos, que daba continuas vueltas. Tenía que descubrir hacia donde iba tal máquina del diablo, algún misterio debía haber en él, no podía ser algo tan simple.

 

Para poder subir, tuve que hacer cola por detrás de un montón de padres y sus churumbeles que me miraban carcajeándose, no sé por qué razón, pero es que aquí la gente se ríe por cualquier cosita, aunque no sé si tendría que ver la cara de beodo que llevaba a esas alturas de la noche, por no hablar de los chorros de sudor que aguantaba estoicamente sin quitarme ni siquiera la manta mulera.

 

Por fin pude encaramarme a un vistoso caballito y aquello comenzó a dar vueltas al ritmo de una música del demonio que decía: "La barbacoa, la barbacoa...", y otras tonadillas propias de ferias y fiestas tradicionales. Cuando llevaba ya cuatro vueltas, empecé a darme cuenta de que aquello no iba a ninguna parte y que el misterio no existía, aquello era tan simple, sí, señor. Mira que yo esperaba la entrada a alguna dimensión desconocida o algo similar, pero vamos, la única dimensión a la que accedí fue a un mareo morrocotudo acompañado de unas ganas irresistibles de expulsar por el orificio llamado boca todo lo ingerido. Y así lo hice, con el consiguiente espanto de niños, niñas, padres, madres, abuelos, abuelas, y hasta la madre que los parió. Supongo que tal susto y griterío provino de que los regué a todos con mis interioridades.

 

Cuando se detuvo aquel artefacto giratorio, pude por fin bajar a pesar de los improperios de los allí congregados, que yo juraría que no eran de amistad y regocijo ante mi persona, por lo cual salí de allí corriendo como pude dispuesto a asistir a lo realmente importante para mí: El tarot de Maricarmen, que me ayudaría a conquistar a la mujer de mis sueños, aquella linda damisela vestida de azul que me quitaba el sueño.

Pero esa historia bien merece un capítulo especial en el que poder contarle con todo detalle los acontecimientos que me llevaron a cambiar de ciudad, algo que dejaré en el más absoluto misterio...como diría Iker Jiménez"

 

 

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