Capítulo I                        Mortimer y Charles

 

La vida discurría plácidamente en aquella casa señorial al más puro estilo inglés, rodeada de campiña y bosque por los cuatro costados. Se escuchaba el canto de diversas aves, los perros correteaban por el jardín, y, en el salón, dos ancianos venerables, tomaban el té.

 

-Charles, ¿a qué incauto mandamos a aquél planeta llamado Tierra?

-Espera que haga memoria, Mortimer. Ah, sí, mandamos a un inadaptado llamado Skywalker.

- ¿Skywalker? ¿Qué tipo de nombre extravagante es ese, Charles? ¿No sería aquél subalterno de Pratchett que se cargó la Navidad y no sé cuántas cosas más?

-Ah, no sé, es muy posible. Lo único que sé es que era un tipo extraño que no hacía más que leer libros llenos de dibujos y ver dioramas sobre unos personajes dominados por un también extraño Ser vestido de negro. No hacía más que hablar de la Fuerza por aquí y por allí. Tuvimos que mandarle para perderlo de vista, y recibimos de vez en cuando algún informe de poca monta, dijo Charles.

-Pero, ¿no hay peligro de que sepan nada de nosotros?, ¿verdad? ¿No perderá la cabeza ese tal Skywalker y les contará quiénes somos? Ya sabes cómo son esos llamados terrícolas, unos bárbaros sin inteligencia, querido Charles.

-No me lo recuerdes, cada vez que lo pienso sufro de escalofríos. Por eso mandamos a Skywalker, para indagar sobre la vida y costumbres de estos energúmenos, Mortimer.

-Pero, Charles, ¿no será peligroso? Skywalker bien merecería haber sido destinado a la unidad de reestructuración mental. Vamos, lo que en la Tierra dirían que le falta un tornillo.

-Querido Mortimer, es que no sabía cómo perderlo de vista. Con un poco de suerte, allí lo meterán en alguno de esos sitios que llaman manicomios, donde esconden a los llamados locos (ya sabes lo vulgares que son allí). O quizás esté dedicado al mundo del espectáculo, allí tienen un aparato rudimentario llamado televisión, se sientan delante de él y terminan aún más atontados. Con suerte estará metido en algún reality show pasando más hambre que el perro de un ciego.

-Estimado Charles, veo que estás bastante influenciado por las cosas que te cuenta Skywalker. ¿No será malo para la programación de tu unidad mental? ¿Y qué es eso del perro de un ciego? No entiendo nada, pero como se entere el Gran Ojo…

-El Gran Ojo no debe enterarse hasta que no tengamos el informe definitivo. Esperemos que Skywalker no implosione y tengan que estudiar su cadáver, que estos terrícolas son muy de diseccionar todo lo que pillan. Por cierto, Mortimer, ¿te leí el último informe de Skywalker? Si te apetece, podemos tomar otro té earl grey mientras pasamos el rato leyéndolo, ya verás qué sarta de tonterías. Si yo supiera reírme, correría el riesgo de descoyuntarme, pero ya sabes que no somos muy de ejecutar ese acto bárbaro.

- ¡Quién nos manda adoptar la forma de los hijos de la Gran Bretaña ¡Si fuésemos italianos, o españoles…se pasan el día cantando, bailando y durmiendo una cosa que llaman siesta!

-Ah, la siesta, ya me ha hablado Skywalker de eso. Una actividad muy poco productiva. Así son allí, esperemos que no desentone mucho nuestro infiltrado, aunque en este asunto lo dudo, porque afirma dormir tres horas de eso llamado siesta. Por lo visto, se despierta diciendo que es Manolete, sea quien sea ese, dijo Charles.

- ¿Manolete? ¿Quién es ese señor? preguntó Mortimer.

-Eso es digno de otra conversación, no creerías jamás a qué se dedicaba el tal Manolete. Y llamarse Manolete…estos españoles…concluyó Charles con la cara de quién piensa lo peor de alguien (de los españoles, se entiende).

-Querido Charles, ardo en deseos de que me leas el último informe de nuestro extraño infiltrado. O eso, o una enucleación molecular, que el té se me ha quedado frío.

-Querido Mortimer, dejaremos la enucleación molecular para otro momento más oportuno y digno de tal menester. Ahora sería mejor que te lea el informe, no tiene desperdicio, verás, verás.

(Continuará)

Contacto

Correo electrónico:

info@revistacheshire.com

Revista Cheshire en redes sociales: