Pensando en Azucena                    Valdés Llama

 

Siempre,

con el propósito de ganar sabiduría,

te has defendido de intolerancias.

Incluso a cambio de ser lo que te dañaba,

una amalgama de añadiduras y accesorios

construidos con la rabia de la suerte arrebatada.

Valores que se colaban por tus suturas

como la lluvia se derrite entre mis lágrimas.

En este mundo de atajos,

evasivas, veredictos y sorderas,

la integridad no garantiza el amor.

Como los ancestros nobles,

buscaste actitud mental en tu voz interna,

en ese timbre que dice “esta soy yo”,

e hiciste por los demás

hasta llegar a filtrarte entre acantilados

donde ya no hay nada.

Así fue como arrojaste tu cautela al viento

y confiaste en la sinceridad.

Con sello de valentía

y empujada por las convicciones propias,

creíste estar ganando un sitio para tu vida.

Caíste obstinada en el idealismo.

La malicia fue que,

antes que tú,

estaban ellos.

Los que nos roban el éxito

glorificando su potencial celestial.

Viendo desperdiciada tu aventura de bondad,

derrochado el tiempo que sembraría esperanza,

fuiste vencida entre palabras sin actos,

y ocultando los resquicios de tu dignidad

escondiste las armas entre la maleza.

Entonces topaste orgullosa con tu humanidad posible

y con los límites de otros calvarios convirtiéndoos en uno.

Nosotros, también convencidos de la suerte por vivir,

tratamos de ser el cuadro que mereció ser pintado.

Pese a las consecuencias,

peligros y presión,

aún luchamos.

El valor solo llega con la minoría.

 

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