El subjuntivo errante IV

 

Entre lo que soy y lo que no llevo

represento mi propia eternidad.

Todo lo que alcanza mi cuerpo desde la raíz,

desde su naturaleza más sincera que yo,

me recuerda el rocío y la primavera de tu portal.

Gracias a ellos,

a la virtud de tus primaveras con su rocío,

observé con entereza las profundidades insondables,

rompí los límites de mi centro

y cabalgué sobre la presencia que me mantiene en ti.

Siempre confiado

ascendí a los cielos

como único pez que nada donde quien nace para volar

y grité entre mis burbujas:

¡El cielo es un océano sin hombres!

Y volví a gritar, esta vez mucho más alto:

¡Intercambio prestamos a las naturalezas

que sobrevivan al holocausto!

 

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