El subjuntivo errante III

 

Pero, hoy no es ayer.

Hoy dibujo los recuerdos que se me antojan

desdibujables.

¿De qué otra manera podría empujarme para

funcionar?

Nazco y muero en mí.

Engendro lo que soy

y me multiplico para ocupar el vacío.

Gracias a mí,

me he convertido en caballo,

mi herradura queda clara sobre las nubes,

tengo el establo con heno,

mis ojos se mantienen luminosos

y, a veces, creo alcanzar el umbral de los seres y de las

[cosas.

Entonces, las piedras de las montañas y el valle,

los árboles y los ríos que riegan,

las flores y las hierbas,

las espinas que, como gato, rebusco,

los huesos que, como perro, rumio,

las flores y la hierba que, como caballo, pasto.

Hasta las veces que rebuzno y coceo

porque haga de burro en algún bautizo,

son artificios espirituales suspendidos en mi espacio

[tiempo.

 

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