El subjuntivo errante I

 

La sabiduría de las emociones,

el despilfarro de las palabras,

los recursos que escasean

o las consecuencias de la muerte,

todo, todo, todo,

fueron intercambios con la estación de las sombras.

Nací como gato de angora

y viví como perro sin chip.

Cuando,

por estupidez gato-canina,

quise hacerme humano,

mi muerte se enfrentó al vacío,

descendí al invierno de la desesperación

y conocí los torrentes de la ingratitud.

Tantos vientos me empujaron que,

aún aferrándome al árbol de las mil cosas,

sobreviví gracias al rocío y la primavera de tu portal.

Ay, la rutina de la vida.

Su naturaleza generosa

me apartó de las estrategias

y separé las reglas básicas para la mutación.

En la estabilidad de las circunstancias surge la

inquietud.

 

 

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