El hombre perfecto

 

DECIDIDO a darme posibilidades,

salí corriendo de casa.

Naturalmente preocupado,

sonriendo me deshice de todo lo que no pude cumplir,

arranqué sentimientos que me esclavizaran

y besé por encima de la media.

Las pautas interiores,

en especial las del equilibrio,

me ofrecieron posibilidades

sin más presiones

que me hicieran sentir mal o culpable.

Separándome de las personas que me obligaban a ser,

mi mente comenzó a dar vueltas de una decisión a otra.

Llegué a sentirme entusiasmado en el hombre perfecto,

hasta que caí en la poesía de una mirada.

Era una noche apacible,

un instante en el que,

por rarezas de la vida,

comencé a ver mis miserias.

 

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