El barrio

 

Las paredes están agrietadas porque al tiempo, aunque le gusta ir por allí y detenerse, como todo en la vida, al final acaba pasando. La calle, alfombrada de adoquines que resuenan al paso de las mujeres y que hacen girarse hasta al que llaman "el sordo de la esquina", ese que grita tanto cuando habla, hace las veces de pasarela. Este, "el sordo", dice que es música para sus malos oídos y la sonrisa que le provoca el ver a la dueña de ese taconeo melodioso, lo delata. Del ojo va fino.

 

Los charcos, en los días de lluvia, hacen de espejos y reflejan el cielo que se va aclarando para dar paso a la buena mañana. Los niños, saltan sobre estos, con sus botas katiuskas, intentando salpicar el máximo posible hasta que un abuelo, al que lo han puesto perdido, los hace correr bastón en mano hasta la esquina marchándose con ellos sus inocentes risas..

 

En el barrio hay gente de otros sitios, pero están los que dicen eso de “de aquí de toda la vida” y te lo hacen saber cada vez que te cuentan alguna vieja historia.

 

En las mañanas se llena de vida. Repleto de tiendas de las de antes, de las del papel de traza y dependiente con bata; de tascas de copa y medio, boquerones en vinagre, cuña de tortilla, ensaladilla y en los días buenos, alguna gamba recién cocida bañada en sal gorda.

 

Charlas al anochecer, cada una con su silla al “Cric-crac” del pelar de pipas.

Niños que juegan al balón, a las canicas, a las muñecas y a las palmitas, mientras entonan un “María cuchibrica se cortó un debrico…”

Noches de verano en un barrio de antes, de los que pocos han perdurado, en el que los coches apenas pasan y cuando lo hacen los conductores saludan, porque son de allí, de toda la vida.

 

A los vecinos les gusta pasear por sus calles. Calles Iluminadas por las nuevas bombillas, que aunque modernas, siguen encerradas en los viejos farolillos de forja y cristal, como cuando eran de llama y hacían bailar a las sombras de los transeúntes al son de su danzarina flama.

                           

                                                                                      Kiko Téllez de la Poza

 

 

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