La chica de la foto 

 

Estaba en aquella esquina, pude verla desde el centro de la plaza. Allí me resguardaba de la gente. Todos estaban a cubierto, bajo los soportales, a salvo de la lluvia y yo, ahí, mojándome a salvo de todos ellos.
Intentaba acomodarse el pelo, pero el viento, al que a veces le da por jugar, la despeinaba. "¿Por qué no se lo dejaba así?" me preguntaba. Estaba preciosa.

Giré despacio la palanca de arrastre de mi cámara y el negativo se posicionó frente al obturador. Sentí como un escalofrío erizaba el bello de mis brazos y como mi corazón se aceleraba. Era la foto, era ella. Juntas serían mi obra maestra.

De repente, se giró hacia mí. Creí que se iría o que pensaría por qué había un loco bajo la lluvia intentando fotografiarla, pero no. Me miró y sonrió. Posó para mí de una forma dulce y natural, como si llevara haciéndolo toda la vida. Creo que, por primera vez, en todos los años que llevo de fotógrafo, mi dedo tembló sobre el disparador. ¿Qué era aquello que me ocurría? Quise aguantar la respiración para disparar, pero no pude. Estaba nervioso, no dejaba de temblar y en uno de aquellos espasmos sonó el "clickit".

Me quedé con cara de estúpido, mirándola, viendo cómo se marchaba, llevándose consigo aquella increíble sonrisa que aun llevaba puesta.

Con dos dedos armados con un beso se despidió de mí, dejándome allí, entre la multitud que aprovechaba que había escapado para volver a la rutina.

Quise ir detrás de ella, quise preguntarle cómo se llamaba, quise saber que haría el resto de su vida, pero desapareció tras la misma esquina en la que su pelo y el viento, antes, jugaban.

 

Kiko Téllez de la Poza 

 

 

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