Anfítetre

 

Los dedos hundidos en sus muslos, en su espalda y sus uñas clavadas en la mía escribiendo pasión sobre una piel en la que los poros cobran vida.

Vocabulario mudo, lenguaje de labios que no cesan de besarse hasta sentir que la suavidad también forma parte de nuestras bocas unidas.

Explota mi mente al no dar abasto mi mirada. Quiero recorrer todo su cuerpo, desde su rostro hasta la espalda, ver como el corazón palpita en sus muñecas y a su alma querer hacerle el amor a la mía.

Y por un instante el tiempo se detiene. La he visto sonreír. Me mira con la calidez del sol en una fría mañana y me resguardo en ella. Húmeda sensación que me retiene.

¿Quién no daría la vida por poder vivir por ella?

Se funden nuestros cuerpos armoniosos, danzando entre la sutilidad y ferocidad de un acto en el que somos los protagonistas. Apenas queda tiempo para el diálogo, y el silencio se llena de gemidos, susurros y roces de piel con piel, boca con boca, manos con manos.

Surcan el mar de la pasión barcos cargados de besos dispuestos a encallar en sus dulces pechos, a atracar en la isla de su cuerpo para hacerme náufrago voluntario. ¡Qué nadie me busque, que nadie me encuentre! Quiero desaparecer del mundo en el lecho de tu vientre.

Y los tuyos zarpan hacia mi boca, bandera pirata portan. Róbame el placer del que tanto me hablas, abórdame y átame al mástil de tu cintura, cabalgaremos juntos las olas de la tormenta que en mí desatas mientras provocó la tuya.

Y cuando la mar esté calma, querré amarte de nuevo. Me convertiré en Poseidón y tú, en mi Anfítetre, mi diosa, mi amor, mi esposa.

Ojalá pronto vuelvan las tormentas.

Kiko Tellez de la Poza

 

 

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