Tus puertas de la                         percepción

   El pasado sábado me serví, de nueva cuenta, mezcal y cerveza, eso, queriéndolo o no, me recordó a ti, ¿por qué fue así si tú no bebes ni una ni la otra? Tal vez solo quería recordarte, que habitaras mi desesperación, al menos compartírtela. Beber el fermentado oaxaqueño fue como degustar del tuyo, tal vez por eso me evoca a ti, ambos embriagan, encubren y retuercen la realidad; con la diferencia que tú elixir ha sido reposado en barricas del más impulsivo deseo, destilado por la fuerza de la inteligencia y servido para placer de quien pueda abrir esos postigos, por donde mis labios y lengua entraron extasiados, cautelosos, como si estuvieran observando la capilla Sixtina y contemplaran en la bóveda las imágenes más perturbadoras que la lujuria haya expuesto. Abriste para mí, de par en par, las puertas ¿de la percepción? Entendí era mi deber purificarlas, de modo que lo hice de la única manera que pudo resultar, es decir, con mi boca, con la que poco a poco empecé a tallar esos resquicios, a labrarlos, con mi lengua daba forma a la excitación, para desbastar y dar forjado besaba como si se trataran de gubias y formones, así conseguía afilar y asentar el mejor de los grabados, tu placer, el orgasmo, cuando lo alcanzaste, pude beber aún más de tu pócima, ese brebaje surtió efecto pues la mezcalina que escurría la había ingerido, ¿habría secuelas, tendría cura, dependencia, sería un adicto? En ese momento no lo supe, bastaría un día para que mi deseo exigiera más de ese alcaloide; pues cuando lo degusté pisé delicadamente el paraíso, lo gocé, claro, cómo lo disfruté; después ya vendría el purgatorio y la esquizofrenia, en la que me hayo abandonado, como quienes intentaron entrar o se encuentran perdidos ahí dentro. Intenté correr/intenté esconderme1, y claro, no lo logré.

 

1Fragmento de la letra Break on through, 1966, The Doors .

 

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