Mis lágrimas

 

 

 

Mis lágrimas gritan tu nombre

en oscuros corredores

grises de desencanto

donde nadie se conoce

y los saludos  se musitan

cual plegarias aprendidas

temerosas de la noche.

 

Mis lágrimas no tienen nombre

pero imploran el tuyo

también otra plegaria

devotas de aquellas tardes

cuando el mañana no existía

y el ayer no importaba

al abrigo de tu risa.

 

Mis lágrimas no tienen causa

pero sí un destino

los escasos momentos

que logré hurtar al olvido

ese monstruo insaciable

que todo lo devora

incluso el eco de tu voz

hablándome al oído.

 

Mis lágrimas no tienen culpa

de la inmensidad de las noches

huérfanas de ti

de tantos espacios vacíos

que hacen bueno al dolor

de la amargura de las horas

penosamente dedicadas

a batallar la soledad.

 

Mis lágrimas ya no duelen

sólo lo hace la ausencia

un dolor que se pierde

en la inmensidad de la nada

el horror de la aberración

del vacío absoluto

gélido de desazón

donde hasta la luz se esconde.

 

Mis lágrimas ya no lo son

pues son sus propias dueñas

y riegan estas letras

que quisieron ser poemas

y quedaron versos sueltos

enfermos de amor

moribundos de ausencia.

 

Mis lágrimas ya son mías

yo soy de ellas.

 

 

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