Bucle temporal

 

– Te aseguro que la máquina funciona.

– Ahora es cuando viene la broma.

El rostro de su amigo y colega desvela incredulidad y desconfianza, alternando entre las sospechas de que quiera gastarle o una broma pesada o que de veras haya perdido la cabeza. Tampoco puede reprochárselo; apenas un par de años atrás, él mismo hubiera reaccionado así si alguien hubiera pretendido convencerle de que había construido un ingenio capaz de hacerte retroceder en el tiempo.

– No te pido que me creas, sino que la pruebes.

–  Si esto es una broma, no tiene gracia alguna.

– Jamás he hablado más en serio.

Su rostro se torna una máscara; parece resignado a someterse a la prueba, pero ya comienza a arrepentirse de ello y se antoja evidente que no le hace ninguna gracia.

– Tú pruébala y, si no funciona, tienes mi permiso para reírte a mi costa durante dos años y medio.

Algo que pretende ser una sonrisa, pero que resulta una mueca, se instaura en el rostro de su interlocutor, que no ha terminado de abandonar sus prevenciones. Se decide a ir al grano antes de que él se eche atrás.

– Es segura por completo: he realizado centenares de pruebas y no he registrado problema alguno, ¿cuánto tiempo quieres que retrocedamos?

– Supongo que, para una primera prueba, valdrá con un salto pequeño, digamos diez segundos.

– Diez segundos, ¡voilà!

***

– Te aseguro que la máquina funciona.

– Ahora es cuando viene la broma.

 

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