Receta para el dolor

 

Si el dolor es físico, toma analgésicos. Puede ser cada cuatro horas  si no hay más remedio. Hacerlo con más frecuencia terminará por causarte dolor de estómago. No bebas alcohol.

Esto también se aplica a las decepciones. Incluso pequeñas cantidades pueden causarte alguna reacción. Puedes ponerte una pomada en forma de horario, ir al gimnasio y hacer clases dirigidas. Aprende alemán y te distinguirás de la competencia. No mires fotos ni rumies pensamientos.

Si es por un tema amoroso, no busques en Google. Podría ser peor. No rasques en la herida, porque no va a salir premio. Te dirán que apliques el contacto cero y que te compres unas gafas de bucear para no ver la luz del sol.

Vive como si el mañana no existiera y el ayer tampoco. Vive en una sola dimensión. No te flageles, y sobre todo, evita las frases motivacionales como estas. 

No busques venganza. Si te sacaron una muela, espera a que se pase la anestesia. Todo pasará con paciencia y un poco de agua con sal. El dolor punzante se irá disipando hasta que ya no notes nada.

La mente funciona de muchas formas. A veces sientes que todo es irreal y la función empieza antes de que te sientes a observarla. También pasa que primero creas el drama. Después esa representación se va durmiendo y reaparece cuando menos te lo esperas. La procesión va por dentro. La familia ya no es lo que era. Cuánto tiempo sin verte. ¿Has engordado? No eres tú, soy yo. Tantos tópicos juntos. Tantos circuitos cerebrales que se encienden con solo hacer cosquillas cerca de ellos, como las luces de un árbol de Navidad. ¿Es grave, doctor?

Sonríe a la cámara y di ‘patata’. No hay mal que por bien no venga. Escupe sangre en el folio. Hazte escritor.  Estará mejor visto que ir a reuniones decadentes. No atrofies tus funciones. No salgas a buscar problemas.

Haz estiramientos varias veces al día. Hay algo que vale para cada situación. No culpes a la sociedad, lo que piensas es lo que sientes. Así de fácil. Puedes creer en los cuentos de hadas y será mejor que llamar a las cosas por su nombre. La mente es un ordenador que hay que reprogramar. Así, hasta el placer será siempre una función matemática. Consulta al farmacéutico.

Y sobre todo, no te salgas de la línea de puntos.

 

 

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