En perspectiva

 

Don Julián sale a pasear por el parque con Luna, su cocker spaniel de color rojizo. En los últimos dos años no ha faltado el paseo ni un sólo día porque le ayuda a recordar a su mujer, fallecida después de cuarenta y dos años casados. A ella le encantaba pasear con Luna. Hoy la echa especialmente de menos.

Ana está sentada en un banco del parque, llorando. Hace tres semanas que Andrés recogió sus cosas y se marchó. La casa se le hace tan grande que no ha soportado quedarse encerrada esa mañana de sábado. Se ha arreglado un poco para salir, aunque hay cosas que el maquillaje no puede ocultar.

Ana ve pasar a don Julián con Luna. Son vecinos y suelen hablar cuando se encuentran. Don Julián se acerca con parsimonia al banco y se sienta a su lado, mientras ella intenta disimular las lágrimas. Luna se queda sentada a los pies de su dueño.

    -Hola vecina, ¿cómo estás?

   -Pues tengo la mañana un poco tonta, ¿sabe? – contesta Ana con voz t      emblorosa.

   -¿Te apetece dar un paseo? A lo mejor así te distraes un poco.

Ana asiente y los dos comienzan a deambular sin rumbo por el parque.

   -Esas lágrimas de antes eran por tu novio, ¿verdad? – pregunta don          Julián.

Ana rompe a llorar otra vez.

   -Al menos usted tiene a Luna – responde Ana señalando al cocker con      la cabeza.

Luna les mira al escuchar su nombre y lanza un ladrido de aprobación. Don Julián sonríe con amargura. Saca del bolsillo de su abrigo una pelota de goma que enseña a Luna antes de lanzarla hacia la explanada del parque. Luna ladra contenta y corre tras la pelota. La trae de vuelta y la deja a los pies de Ana, ladrando y moviéndose impaciente delante de ella. Ana la recoge del suelo y la vuelve a lanzar hacia la explanada, mientras Luna corre de nuevo tras ella y la deja después en el suelo de vuelta, esta vez a los pies de don Julián. El hombre se agacha a recogerla y amaga con lanzarla hacia la explanada. Luna corre de un lado a otro, buscando la pelota y regresa ladrando alegremente. Don Julián se la lanza a Ana que la coge en el aire. Luna salta para intentar alcanzarla y Ana levanta la mano por encima de su cabeza. Luna vuelve a ladrar y saltar y Ana se ríe. Lanza de nuevo la pelota hacia la explanada y sale a correr tras ella para intentar cogerla antes que Luna. Las dos echan una carrera por el parque mientras don Julián las observa. Ana ya no se acuerda de Andrés. Don Julián sigue echando de menos a su mujer.

 

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