No me resisto a cumplir                         años 

 

No me resisto a cumplir años. Podría hacerlo. No me preguntéis cómo porque ese será exactamente mi truco final. Pero ahora no hablemos de mi final, sino de mi ahora, y ese ahora es en el que no quiero resistirme al paso del tiempo.

 

 

 

Si me hubiese negado a cumplir años tal vez tendría menos líneas alrededor de mis ojos, menos kilos en mi trasero y menos disgustos en mi espalda. También tendría la ilusión sin desprecintar y regalos desenvueltos alrededor de un árbol de navidad sin nostalgias enturbiando el ambiente.

 

Si le hubiese negado la entrada al tiempo ahora no estaría pagando facturas, impuestos ni multas de aparcamiento. Tampoco me estaría preocupando por la crisis, el trabajo o los pactos.

 

Sin embargo, elegí cumplir años (os repito que yo sí tuve elección). Y el inicio de cada uno de mis años es un sueño por nacer.

 

Porque la edad no es importante, salvo que yo fuera un vino (y no es el caso), que si es bueno siempre mejora.

 

Porque no se envejece por el número de años, sino por el número de sueños que se abandonan.

 

Porque los años son peldaños que al ascenderlos nos permiten ver mejor. Nos permiten elegir mejor a quién queremos a nuestro lado. Nos ayudan a saber que una mano que se tiende hacia nosotros puede ser una lección de por vida.

 

Y es que los años enseñan muchas cosas que los días desconocen.

 

No me resisto al paso del tiempo.

Porque, como os he dicho, ese truco me lo guardaré para mi final.

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