Por primera vez

 

Por primera vez aquel año, la Navidad no había acudido a su cita, pese a estar todo dispuesto para ella: el belén, descolorido y desportillado, ocupaba su rincón de siempre, justo al lado del aparador del salón, donde las fotos de boda parecían el recuerdo caduco de un instante olvidado; el enjuto abeto artificial, con su media docenas de brillantes bolas rojas y su estrella con purpurina blanca coronando su cima, se sentía extraño al final del pasillo, en el mismo lugar donde se puso por primera vez, hacía ya cuarenta y dos años. Dos guirnaldas y una pequeña hilera de luces de colores adornaban el espejo y el mueble del escueto recibidor de la entrada e incluso la música de villancicos sonaba desde la salita de estar.

Todo, todo estaba preparado para un año más...pero la Navidad estuvo ausente, tal vez porque el calor de la estación del año la mantenía dormida en su letargo habitual de casi doce meses, tal vez porque los mágicos reyes aún estaban ajenos al mensaje de la estrella que cada año los guiaba hasta Belén, tal vez porque en la conciencia de los pastores se había borrado la llegada del Mesías al que volverían a adorar el próximo 24 de diciembre, o tal vez porque la memoria, caprichosa memoria, había hecho un guiño a la realidad, jugando con las ilusiones y los recuerdos de dos almas gemelas, unidas durante más de medio siglo y que sin darse cuenta habían emprendido el mismo camino hacia su niñez más tardía y al mismo tiempo más cercana...

‐ Laura, ¿has comprado las peladillas y los polvorones?, ya sabes que a papá le gusta llevarse alguno a la boca a media tarde... y ¿la flor de Pascua?, no la he visto todavía.

‐ No te preocupes, mamá, mañana lo traigo todo, duérmete, que es tarde. Que pases buena noche. Te dejo la ventana abierta, ¿vale?

En la calle el fuego devoraba una pequeña hoguera en honor a San Juan y en aquella modesta habitación de matrimonio la amarga realidad se confundía con la irrealidad más dulce, esa que mezclaba el sabor de las cerezas con el turrón y la esperanza de celebrar una Navidad que solo vivía en la mente de dos ancianos ilusionados.

Paco Molina López 

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