Y ya no estás

 

     Ya no te puedo tener… y lo añoro.

 

     Paseando  por la orilla del mar que tanto amor nos daba, las olas, al  romper en la arena tejiendo mantos de espuma,  susurran  preguntando dónde estás. Y en nuestro jardín, donde robamos los primeros besos, descubriéndonos, rodeados de bellas estatuas, estanques poblados de nenúfares alborozados, sentado en ese banco de siempre, las flores con su perfume me recuerdan muy quedas que no te tengo a mi lado. Y cuando leo ese libro que compartíamos, con sus bellas palabras hilvanadas que despertaban nuestro sentir, las páginas se revuelven con tristeza porque no sienten la calidez de tus manos. Y de repente, en medio de esa noche que tantas veces contempló nuestros cuerpos unidos, siento  tu fragante aliento, el olor de tu tersa piel y me sobresalto buscándote con la mano, palpando el lugar donde antes estabas, no te encuentro y no  duermo, porque te pienso a mi lado y no estás. Y no estás porque no te merezco, mi mezquindad, cuando me prendé de aquella mujer, tan joven, que se encapricho de mí y yo, estúpido, te traicioné dejándote, perdiendo tu amor por un espejismo, remedo de amor, que duró lo que el capricho de aquella mujer. Y ahora no tengo arrestos para volver junto a ti, porque me duele el alma cuando recuerdo tu llanto el día que te abandoné y esa imagen me rompe, me persigue y me condena a no tenerte a mi lado, después de quererte tanto, después de añorarte a diario… 

 

 

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