Niña creciente

 

Aquella niña había crecido, su cuerpo no quedó rezagado y también creció.  En aquella fiesta clamaba atención, pero no era altiva, ni soberbia, solo quería crecer.

    Mucho alcohol, rayas interminables que no le decían nada y entre tanto alboroto algunos tenían calidez en sus labios, pero otros estaban demasiados rayados y su mente planeaba demasiado lejana.

    Uno de los volátiles se acercó a la niña, la tocó con descaro, mientras ella bailaba su libertad, la niña se revolvió como un torbellino, tanta movilidad  confundió al lejano, tan confundido estaba que se abalanzó sobre ella. La joven, tan mujer, estaba enfadada, no le gustaba que violaran su libertad, porque aunque era niña no toleraba tanta ridiculez. Era joven, bella, llamaba la atención, pero sólo quería  llamar la atención de los que ella elegía. Le dio un empellón, el botarate se enfureció, solo le valía su voluntad, alzó la mano, cerró el puño con amenaza dolorosa y cayó enroscado, con las manos lamentándose  los cojones, los que quiso hacer prevalecer, pero que recibieron el albedrío de la chiquilla, las botas que calzaba, puntera de metal y toda su razón en el arco del triunfo de un gilipolla que no triunfó.

 

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