Mi querida Manuela

 

        Cuando leas estas letras quiero que te vayas de casa, no quiero volver a verte. Te quería demasiado para soportar tus engaños y lo que es peor, tu inexplicable comportamiento. Debes imaginar el porqué de postura tan radical, si no, te lo cuento.

       Todo comenzó cuando decidiste, este año, que necesitabas espacios de libertad y te ibas con unas amigas al Camino de Santiago, lo acepté, confiaba en ti, no tenía motivos para dudar. Cuando salías de casa me extrañó que tu equipaje  no fuera el más adecuado, pero no le di mayor importancia. Preguntaste desde la puerta que iba a hacer yo, “me iré a la montaña” y te fuiste, sin más.

    Luego pensé en recorrer tantos lugares que la costa, tan cercana, tenía para ofrecerme. Así lo hice, recorriendo pueblos, visitando calas, contemplando tanta belleza dejé de pensar en ti. Un día, de tantos, el destino, ¡qué hijo de puta es!, estaba sentado en un “chiringuito” que tenía el hotel a pie de playa cuando te vi, tu no me vistes, venías de la playa, cogida de la mano de una joven, te paraste y la besaste en la boca, se unió al beso un joven, con el que las dos compartisteis morreos y abrazos. Sin salir de mi estupor reconocí a la pareja, eran esos vecinos, jóvenes y atractivos, los que decías que te caían muy mal. Recordé tantos días con dolor de cabeza, tanto sexo que nos faltaba, tanto trabajo que aducías para salir de casa, incluso festivos… y lo comprendí. Hacía varios meses que me estabas engañando, compartiendo una sexualidad tan diferente al recato que siempre mostrabas conmigo. Tanto engaño es demasiado. Yo seguiré en la costa, buscando motivos que me hagan olvidar  tu traición y no será fácil… no, porque te quise demasiado.

 

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