La mujer de mi vida

 

Francisco volvía al piso de Laura después de impartir unos cursos de Economía en Cuenca.

     No había dejado de pensar durante su ausencia en su chica, una mujer indescriptible.

        En  casi ocho meses de relación, Laura, le había congraciado con las féminas después de algunos clamorosos fiascos, que próximo a los cuarenta le habían llevado a coquetear con la soltería

        Se conocieron en una  librería especializada en literatura gore, genero que a los dos   encantaba. Ella, según le contó, tuvo otras parejas, bastantes. Por su  belleza e inteligencia no le extrañaba, Laura no era  una mojigata ni, Francisco, celoso de su pasado.

      Alguna vez, Laura comentó, sin darle demasiada importancia, una frase que le chocó y recordaba siempre… “Yo busco la inteligencia  en mi pareja, solo su cabeza me interesa, si me falla lo demás, me quedo solo con eso”. No acabó de entender su significado, porque era sabedor que lo sexual también le interesaba y mucho. En otra ocasión le pediría que se lo explicara.

     En todas esas cavilaciones de peatón estaba Francisco cuando llegó al portal donde vivían y entró al camarín del ascensor que como todo el edificio era una interesante aportación del modernismo de principios del pasado siglo.

    Al llegar a la planta reparó en la puerta del apartamento, estaba abierta, muy abierta, desde el  umbral llamó repetidas veces a Laura sin obtener respuesta. Extrañado, dejó su maleta en el recibidor  y entró.

     Un insoportable olor a formol aumentó su perturbación. El apartamento, por amplio, era como un laberinto  que en nada facilitaba  la búsqueda de Laura. Al pasar por  la cocina, advirtió sobre el poyete un conejo desollado recubierto de moscas, alguna que otra cucaracha danzaba traviesa, además un putrefacto olor le pasó factura, la repulsión  le recordó cierta  película de culto en blanco y negro.

    Vio entreabierta una habitación, de las  que siempre Laura  mantenía cerrada y que cuando le preguntaba el porqué,  contestaba que para ahorrar limpieza. Acabó de abrir la puerta, el interior le llamó la atención y cruzó el umbral.  Tenía aspecto de una morgue, paredes forradas de aluminio con portezuelas en  armariada de acero que  semejaban  los frigoríficos donde se conservan cadáveres. Una de ellas  estaba abierta y su camilla vacía.

     Por su mente pasó una gélida y escalofriante premonición, aunque enseguida la desechó, no podía ser, pero aun así abrió puerta tras puerta. Horrorizado vio en varias de ellas ¡cuerpos sin cabeza!, un relámpago escalofriante pasó por su mente cuando le  vino a la memoria aquella frase de Laura,”…solo su cabeza me interesa…” Pero aquellos cuerpos no tenían cabeza.

     Debía  encontrar a Laura para poder entender  aquel horripile.

       Inmerso en un  marasmo de temores, oyó la voz de Laura que le llamaba con dulzura, “Francisco, mi amor ven por favor”. Indeciso por la impresión recibida, atraído por su amor hacia Laura y necesitado de una explicación para aquello, entró en la habitación de donde provenía la voz.

     Espeluznando, horrorizado y sumido en terror advirtió estanterías con varios frascos muy ordenados, ¡con cabezas humanas flotando en su interior!

     En una mesa, un frasco lleno de líquido incoloro, debía ser formol,  abierto, el olor le  resultaba ya nauseabundo.

    ─No debiste dejarme sola, Francisco.

     Susurró  con aquella dulzura angelical característica de Laura, mientras lo miraba a los ojos con una frialdad de acero, que no se correspondía con la afabilidad de su voz.

     Ahora fue cuando Francisco empezaba a comprender aquel comentario que no entendía y entonces vio demudado por el pánico a Laura empuñar una catana e insensible, de un certero mandoble, su cabeza rodó por los suelos con lágrimas sangrientas en sus ojos sin vida.

    Laura, cogió la cabeza con extrema delicadeza, besó con dulzura  sus labios y la metió en el frasco vacío, lo tapó,  colocándolo con delicado esmero en la estantería, junto a las otras, mientras decía…

   “Francisco, mi amor, nunca debiste  dejarme sola”.

 

 

 

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