La isla y el río

 

Personas pacíficas vivían en armonía en una isla de gran extensión. Dos de ellas con naturaleza de líder discutieron un día con más intensidad de lo normal. Lejos de entenderse, una comenzó a cavar por las noches una zanja que dividiera la isla, para lo que requirió la ayuda de otras personas influyentes y con naturaleza de líder. Éstas no dudaron en ayudar y pronto amaneció una mañana en que la zanja que dividía la isla en dos era claramente visible. La discusión inicial se intensificó hasta el momento en que el agua, por propia naturaleza, se filtró en la zanja aprovechando la debilidad de la tierra socavada. Un río de gran caudal inundó la zanja pronto dividiendo la isla en dos; dos islas unidas a gran profundidad. Muchos ciudadanos quedaron atrapados entre ambas sin saber a qué orilla acudir, ya que tenían familia y amigos en ambas. Nada fue igual, pues aquellos que seguían perteneciendo a la única isla que habían conocido, y que eran la mayoría, temían obrar de manera que ofendiesen a uno u otro lado. Alguno navegaba temeroso por el río y mantenía sus lazos en ambas islas. La mayoría sentía desconcierto y confío en el tiempo. No en que arreglara las cosas, y menos que uniera de nuevo las islas, sino en que el tiempo les otorgase la ilusión de vivir en una isla con un río, haciéndoles olvidar que, en realidad, eran dos islas. Una confianza ciega y desesperada que jamás se vio satisfecha.                                                                                                                                                                                                        

© 2017 Eduardo Caballero

 

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