Jardín de locos

 

Nos marchamos a la montaña sin huir de algo concreto. Todo era tan normal y distinto como en cualquier parte y nuestra felicidad, ésa porción de tarta que no reparte alguien querido, era la suficiente para llevar una vida tan tranquila como la de la mayoría a nuestro alrededor. Él dijo: «nos marchamos». De primeras nos sorprendió verle en nuestro desayuno en lugar de imaginarlo trabajando. Pregunté si nos llevaría él al colegio. «No, nos marchamos para siempre, a otro lugar. Hoy es día de prepararnos, salimos esta noche». Parecía algo divertido aunque desconfiásemos un poco. Las maletas nuevas en el salón nos animaron a todos, también a ellos. Pasamos todo el día yendo y viniendo, trajinando con todas las cosas de la casa, desde cualquiera insignificante hasta aquella primordial, de la más olvidada a una prosaica. La casa era un jardín cerrado de locos. Nos despedimos de todo por la noche: de las habitaciones, los aseos, las cosas que abandonábamos con tristeza,  como un oso gigante de peluche que me regalaron al operarme de anginas, las plantas de Bella (así la llamaba yo), la cocina de Bella… Nos despedimos y él cerró la puerta estando todos en la calle a punto de subir al coche. Así nos marchamos a la montaña, a una casa con menos comodidades, con menos calles y menos personas; sin muchas de las cosas familiares y con mucho con lo que familiarizarse. Entonces, sin tener conciencia de ello en el momento, comprendí que puede suceder de nuevo cualquier día, que nos marchemos sin huir de nada. Lo pienso por las mañana al despertar: tal vez sea el día. Y siento cierta inquietud que se mezcla con el temor a ser quien se quede mientras los demás se marchan. El temor a no marcharme con los demás sin huir de algo concreto. Los días amanecen entre la inquietud y el temor, entre los árboles de la montaña y bajo sus cielos, en un paraje en el que cualquiera podría sentirse libre sin salir de él; todo tan normal y distinto como en cualquier lugar, con nuestra porción de tarta que agradezco para que vuelva a tocarme en el reparto y que procuro administrar de manera que dure, incluso hasta el día siguiente, no vaya a ser que suceda lo que suceda.                                                             

© 2018 Eduardo Caballero

 

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