Época de lluvias

 

Me escondía del ruido de las bombas anunciadas por el sonido lejano de los aviones acercándose y acechándonos. Las bombas silban al caer. Lo supe pronto. No como el tío Francis silbaba A little bird told me, sino un silbido monótono y creciente hasta cortarse por el estruendo trágico del estallido de la bomba. De seguido llovía tierra a veces, como si alguien hubiera puesto el mundo del revés y la tierra cayera sobre el cielo, regresando éste a su lugar lentamente, cual si fuera vapor de agua elevándose hacia las nubes. La tierra es pesada y cae de golpe, tal que las bombas silbando al cruzar el aire. La tierra no silba, suena al topar con el suelo. Me escondía en ella, en zanjas o echándome al suelo bajo los cascotes de edificios. Me escondía en cualquier agujero o recoveco. La última vez que le escuché silbar A little bird told me fue en mi cumpleaños, hace semanas. Procuraba hacer especial el día. Como si nada de lo que sucedía fuese real, fuera uno de esos programas de la tele que sonaban de fondo cuando la dejábamos encendida sin que nadie le prestara atención. Sí, como si el entorno fuera un ruido de fondo al que nadie presta atención. Y su silbido acabó en una explosión, cascotes desmembrándose y tierra lloviendo. Abrí los ojos cubierto de ella, con el cuerpo dolorido y boca arriba. El cielo oscuro fue lo primero que pude ver. Recordar que estábamos en época de lluvias, me regresó al presente. No despertaba de un sueño. Sentí dolor y aguanté hasta que vinieron a socorrerme.

 

                                                                                                                                                                                                                                          

© 2017 Eduardo Caballero

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