Ecos de muerte

(Estriado del poemario la Memoria y el llanto )
 
Ecos de negra muerte, retumban por las avenidas.
Gritos de metralla por las calles escondidas,
y una luna llena que se refleja en las pupilas vacías.
 
Ríos de roja sangre se desbordan
rompiendo,los cristales de la angustia.
en donde se ahogan,los muertos tristes,de la memoria.
 
Manadas de tanques negros
braman.con furia desmedida.
Rompiendo.con sus pezuñas de acero,
la tierra,en donde se pudren las melancolías.
 
Las calaveras de los niños tienen, 
un agujero en la frente
por donde florecen las azucenas.
y en el interior de sus cuencas vacías,
hicieron, su nido de eterna luz.
Las ultimas estrellas.
 
La luna se apago de golpe.
cuando el destino con sus manos de hierro
le arranco la luz para dársela de beber a los muertos.
 
De las entrañas de la tierra,
salieron. un millar de bocas sin dientes
que arrancaron la cara de los lobos de metal. 
que formaban manadas,
para desollar sin piedad a corderitos inocentes.
 
Hoy.
la muerte chilla 
reventando los oídos de la angustia.
 
Hoy.
la muerte rasgo su garganta,
para dejar escapar,
a la paloma que rompió con su pico
las calles desnudas.
 
Sobre el cadáver de una vaca,
se posaron miles de moscas.
y hay un centenar de terneras escuálidas,
rompiendo el aire con sus colas.
 
Y en las entrañas de las bombas,
hicieron su nido los gusanos naranjas de las ascuas
que mordisquearon,
el núcleo duro de las lagrimas.
 
El silencio,perfora las sienes de los muertos.
que duermen,colgados de las fachadas.
con sus extremidades extendidas
y su vientre abierto en canal.
de donde fluye un torrente de sangre fresca
con la que calma su sed;
Los buitres moribundos de la guerra.
 
Y entre los horizontes quemados por la metralla.
en medio de paraje, desdibujado por la ceniza;
retumba el eco cortante de la ultima voz 
Perdida entre los escombros del olvido.
La voz de un esqueleto, 
que grita con la boca abierta por el tiempo.
tu nombre a las farolas encendidas:
 
¡Muerte!.
 
Quiso el ultimo sol que quedaba,
tragarse a si mismo.
y escupir su propio corazón rojo
sobre las calles vacías.
 
 ©Debora pol

 

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