Preciosa pieza

 

 

Era un día especialmente frío. La niebla dominaba el ambiente y su pequeño rocío se pegaba a mí formando pequeñas pompas, llegando a crear un perfilado manto de perlas blandas. Sentía algo de calor en mi interior, ligeramente húmedo, que contrastaba con la brisa helada que me recorría con cada soplo de viento. Entré en una tienda. Como siempre, describí un pequeño arco en mí educado saludo cuando vi al tendero. Me acerqué al mostrador y unas manos me levantaron, observándome. “Preciosa pieza, sí señor” orgulloso volví a elevarme sobre el mundo y salí de nuevo al frío exterior. La niebla trajo consigo una fina lluvia. Calado llegué a casa y me acomodé en mi sombrerera, cercano a la calefacción, donde descanse y me sequé. Dispuesto para afrontar un nuevo día. Llueva, sople un tornado o haga tanto calor con en el infierno.

 

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