Inspiración parte 2/3

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Todo esto surgió al llevar varias semanas pensando el tema para mi siguiente novela, pero no hay modo de encontrar un poco de inspiración. Menos cuando mi mente es un puto huracán, no consigo centrarme por un segundo en un mismo tema. Y siento que mis esfuerzos no me llevan a buen puerto. Tengo demasiados momentos en blanco, incapaz de recordar dónde he estado y qué he hecho. Es más, ahora mismo, he tenido que parar un momento. Miró a mi lado y repaso mentalmente todos los relatos impresos, llenos de correcciones y cambios, que he escrito hace años y que quiero incluir en un nuevo libro. Tal es mi falta de inspiración, que me he visto forzado a rescatar una colección de escritos, realizados en mis primeros pasos en este abrupto mundo que es la literatura, los cuales no creo que tengan una calidad exquisita.

De hecho, he decidido no leerme lo que he escrito en este, no quiero saber el resultado de lo que ha pasado entre mi mente y mis dedos

Esto debe ser la cosa más absurda que he podido escribir en mucho tiempo. Qué sentido tiene contarle a un maldito extraño lo que se te está pasando por la cabeza, sólo por el hecho de que no puedes pararte a pensar otra historia más interesante. Lo que es más penoso es que alguien tenga tiempo para dedicarle, ¿en qué mundo vivimos? Cualquier mierda nos llena, y no la que soltamos por el culo…

Es muy curioso el efecto del aburrimiento, del parón mental, de la falta de ideas. De cómo escribir puede llegar a ser un arte tan complicado. Tanto o más que pintar un cuadro. Y no quiero desmerecer a nadie, todos nos podemos considerar artistas. Desde el niño que prepara una tarjeta de felicitación en el colegio para su madre, hasta el hombre encerrado en su estudio, tirando botes de pintura contra un lienzo, lanzándose gritando contra él pensando que su figura dejará una marca para la posteridad. Vuelvo a ser condescendiente…

Y por qué coño sigo aquí, delante del ordenador, mirando sólo las teclas, sólo parándome a ver que no se subraye ninguna palabra de color rojo. ¿Con qué fin? Si no tengo una idea para una novela, ¿tan desesperado estoy porque alguien lea lo que escribo? Tal necesidad de sentirme vivo a través de las palabras tengo, es algo que no puedo negar. Y me entristece, me harta, me cabrea. Conmigo, con todos. Putos desechos de una era en la que si no das guerra no existes, en la que, si no pones cualquier mierda, no vales más que ella. Una foto, un estado, una opinión, una noticia. Cualquier cosa, sea nuestra o no. Soltar por las manos, ya que por la boca no nos atrevemos, nuestra absurda e inútil opinión sobre algo que ni siquiera conocemos.

 

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