Envasado

 

Hoy ha sido todo un sueño. Cosas de esas raras que te pasan mientras duermes y que reflejan la tortuosa noche que has pasado, levantándote sobresaltado y respirando de forma entrecortada, sintiendo el ahogo del que tu mente te ha hecho participe en una extraña historia inconsciente.

 

Recuerdo que abría los ojos, estaba tumbado. El mundo se presentaba ante mí de un color dorado, algo turbio. Trataba de moverme, pero me era casi imposible hacerlo. No sé si se podría llamar olor a lo que vives en un sueño, pero parecía llegar un aroma a plástico hasta mi nariz. 

Miraba alrededor, y caía por fin en la cuenta del lugar en el que estaba. Me encontraba dentro de una especie de bolsa de plástico. Todo mi cuerpo cubierto por ella. Tenía algo de movilidad, pero a cada movimiento, y ayudado por el sudor, el material se pegaba a mi cuerpo, crujía, arañaba. 

 

No era el único en ese estado. Cientos, quizá miles, de bolsas tiradas a mi alrededor. Con formas humanas en su interior. Era como mirar a cristales ahumados, en los que según les de la luz puedes intuir lo que hay dentro. Todos nos revolvíamos, ninguno podía ponerse en pie.

El aire comienza a faltar, la respiración se hace acelerada. El pánico. Me revuelvo con más fuerza, pero no hay manera de romper ese envoltorio dorado.

 

Siento unas pisadas a mi lado, un ser alargado, de color negro en su totalidad, sin rostro (o quizá es que soy incapaz de verlo con claridad) se planta a mi lado.

 

Agarra la bolsa. Me levanta como si no pesara. Encima de mi cabeza abre un pequeño orificio y deja entrar un gas de color rojizo. Me ahogo, no puedo respirar. Aparta la boquilla y encaja otra. El plástico comienza a replegarse sobre mí. Está quitando todo el aire que queda. Siento como se va pegando a mi cuerpo, apretando con más fuerza, dejándome inmóvil.

 

Despierto de golpe, con el corazón a mil por hora.

 

¿Acaban de envasarme al vacío?

 

 

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